Opiniones Salta-. La reciente filtración de partes sin editar de la entrevista de Jonatan Viale con Javier Milei en TN dejó al descubierto algo más que una simple conversación entre un presidente y un periodista: expuso la forma en que ciertas entrevistas parecen guionadas por el propio entorno presidencial. En los fragmentos revelados, se puede ver cómo Santiago Caputo, asesor y estratega de Milei, maneja la entrevista en tiempo real, dando instrucciones y sugiriendo respuestas, mientras Viale asiente y se ajusta dócilmente al libreto.
Lo más llamativo es que esto ocurre en un contexto donde la credibilidad del periodismo argentino ya estaba en tela de juicio, y ahora vuelve a la luz, tras el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, vinculada al gobierno de Milei.
Pero el episodio de la entrevista con Viale deja una pregunta más profunda: ¿el presidente realmente «elige» a qué periodista le da una entrevista, como defendió Joni Viale, o más bien elige quién está dispuesto a someterse a una puesta en escena preacordada? La filtración parece dar una respuesta contundente.
La democratización de la información en redes sociales permitió que este tipo de maniobras salieran a la luz, revelando la diferencia entre quienes ejercen el periodismo con independencia y quienes terminan actuando como meros portavoces del poder. En tiempos donde la calidad y la ética periodística están en debate, queda más claro que nunca que no todos somos lo mismo.





