Mientras en Santiago del Estero la economía se dinamiza con más de $5.100 millones generados por la final del Torneo Apertura, en Salta los bares están vacíos, la ocupación hotelera en caída libre y el sector turístico no encuentra cómo sobrevivir.
La diferencia tiene nombres propios. Gerardo Zamora, gobernador santiagueño, apostó de forma sostenida al turismo de eventos: deporte, cultura y grandes espectáculos. Resultado: ocupación hotelera al 100%, miles de visitantes, comercios trabajando al máximo y una ciudad que respira dinamismo.
Del otro lado, Gustavo Sáenz mira pasivamente cómo la actividad turística de Salta —una de las más importantes del norte— se desploma. Empresarios hoteleros y gastronómicos advierten que “no se puede seguir así”, con costos por las nubes, presión fiscal sin alivios y una demanda que no repunta.
“La diferencia de cambio hace que los argentinos vacacionen en el exterior, y Salta lo siente”, explicó Juan Chibán, de la Cámara Hotelera. Pero la falta de gestión y planificación agrava todo.
Mientras Zamora lidera un modelo de desarrollo que posiciona a su provincia como referente nacional, Sáenz parece haber abandonado a un sector que emplea a más de 45.000 salteños. La comparación ya no es incómoda, es inevitable.





